Big One. Cap 69

Me fui caminando lentamente, sólo, mientras el día iba subiendo por detrás de las casas de la Balconada, nuestro barrio. Al llegar a mi bloque me detuve, me quedé sentado allí, sobre la repisa de la pared de la entrada. pensé en lo que me vino a la cabeza allí dentro cuando Héctor nos anunció que no viviríamos para contarlo.
¡Mi padre!, pensé en mi padre, en que no volvería a verlo, y me dolió enormemente. Nunca me había planteado cuanto lo quería, al menos no como en aquel momento.

– Fran, ¿qué haces aquí sentado? Dijo la señora Carmen, nuestra vecina, que salía a trabajar.

Yo me limité a sonreír.

– Al menos tápate un poco. Me dijo cerrándome la chaqueta.

– Gracias señora Carmen. Ahora me voy a casa.

Se fue moviendo la cabeza y mascullando no se qué de los niños de ahora y los porros.
Volví a mis pensamientos, en cómo nos habíamos mantenido unidos a pesar de todo y como eso nos había salvado sin lugar a dudas. Por mucho que Mendoza dijese que nos habían perdonado la vida. ¡Y un cuerno!. Nos habíamos ganado la libertad, nuestra libertad,  gracias a sacar lo mejor de cada uno y ponerlo a disposición de todos. Gracias a la lealtad, nuestra lealtad. La misma que tuvo Nuno jugándose el tipo para ir a buscar a su hermano, la misma de “la Jose” trabajando sin cesar para sustituir a su marido encarcelado, la misma que había tenido siempre mi padre con su familia, con su trabajo, con su gente. La lealtad, ser leal, esta era la clave de todo.
“Gracias papá por enseñarme lo más importante de la vida”.
Bajé de un salto y subí al piso, al entrar encontré una nota de mi padre.
“He ido a Barcelona, vuelvo a primera hora. Papá”.
Estaba sólo. Me desnudé en medio del pasillo y entré en la ducha. No sé el tiempo que estuve bajo el agua caliente. Me parecía el placer más increíble de la tierra.

– ¿Fran, estás aquí?. Se oyó una voz precedida de un portazo.

– ¿Papá, eres tú papá?. Dije emocionado al oir de nuevo su voz.

– Hola campeón -dijo asomándose en el baño- ¿Cómo ha ido la juerga?.

– Bien papá. Dije caso sollozando.

– Cuando salgas tenemos que hablar. Me ha llamado la Jose a primera hora.

“¿La madre de Mendoza? la que se va liar”. Pensé.

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